En la práctica de la mountain bike, sometemos al cuerpo a unos esfuerzos considerables, por lo que realizar una revisión médica anual, que incluya una prueba de esfuerzo es más que recomendable.
Desde hace un par de años, desde que colaboramos con la revista online Iberobike, al sacarnos la licencia federativa anual, lo hacemos en la modalidad UCI, lo que significa que debemos presentar un informe médico que certifique que estamos lo bastante sanos como para no cascar en una prueba BTT.

Un examen simple es suficiente, pero aprovechando la circunstancia, solemos hacer una prueba de esfuerzo, en la cual, además de verificar cómo andamos de la patata, nos indican el rango de pulsaciones dentro del cual debemos entrenar o competir para ser más efectivos.
Uno de los centros que mayor confianza me ofrece es Athlon, sobre todo por la gran experiencia que tienen en el mundo del deporte en general y en el del ciclismo en particular. Mientras que en otros centros, al realizarte el electrocardiograma, te monitorizan 4 o 6 variaciones, en Athlon te monitorizan 12, lo que garantiza un análisis de lo más completo.
Una vez se concierta la cita, acudiremos al centro deportivo de Mondragón con la mayor puntualidad posible y llevaremos la “ropa de faena”. Si es para la modalidad de ciclismo, no olvidéis las zapatillas que uséis habitualmente. Es conveniente indicar el tipo de calas que llevaréis para que te preparen la bici con los pedales adecuados.

La prueba comienza con una entrevista previa, donde se hace recogen datos de antecedentes personales, familiares, historia deportiva y objetivos marcados para la temporada.
Posteriormente, nos descalzaremos y quitaremos la parte de arriba, quedándonos únicamente con el culotte. En esta fase nos medirán, pesarán, harán una valoración del apoyo plantar y finalizará con una prueba de elasticidad.
Después pasaremos a la camilla, donde nos realizarán un pequeño análisis antropométrico y exploración del sistema locomotor, detectando posibles asimetrías, problemas en las articulaciones, sistema muscular o columna vertebral.
Antes de abandonar la camilla, nos colocarán un cableado para hacernos un primer electrocardiograma y tomarnos la tensión. Esto se realiza para ver cómo estamos en reposo y así poder compararlo cuando nos sometan a esfuerzo.

Terminado el examen previo, pasaremos a la acción, es decir, nos forzarán hasta alcanzar la fatiga máxima. Esta prueba se puede realizar tanto en cinta rodante cómo en cicloergonómetro, una especie de bici estática que nos mide potencia y cadencia.
Después de adaptar la bici a nuestras medidas, comenzaremos a rodar sin carga, para hacernos a ella y ver si estamos a gusto con las medidas. Pasados un par de minutos encenderán el aparatito infernal que cada minuto irá incrementando la resistencia.
La cadencia mínima que se acepta cómo válida son 90 rpm, por lo que nos deberemos mantener por encima todo el tiempo que podamos.
Durante todo el test estaremos monitorizados, tanto por la máquina de los electrocardiogramas cómo por los médicos, quienes nos iran tomando la tensión arterial.

Una vez alcancemos el umbral de fatiga máxima, nuestra cadencia caerá en picado, siendo imposible mantenerla por encima de las revoluciones mínimas. En ese momento nos quitarán la tensión de la bici y rodaremos sin tensión. Durante este periodo analizarán nuestra capacidad de recuperación.
Finalizado el test, volveremos a la mesa, donde el médico analizará los resultados y nos dará las explicaciones y consejos pertinentes.
En un par de días recibiremos en el correo electrónico un archivo PDF con todo el resultado del test:
- Certificado de aptitud deportiva, imprescindible para la tarjeta UCI.
- Entrega de los electrocardiogramas de reposo y esfuerzo.
- Umbrales de entrenamiento y competición.
Entre los datos que ahí aparecen, unos de los más válidos (al menos para mí), son los umbrales. Nos darán información tan valiosa como es el rango de pulsaciones en el que nos debemos mover durante los entrenamientos y la competición, sabiendo cuando somos realmente efectivos o cuando estamos consumiendo recursos.

Desde que sigo a rajatabla estos datos, no he vuelto a tener una pájara y siempre termino bastante entero todas las pruebas.
En mi opinión, esta prueba es imprescindible. El corazón es algo muy complejo y es mejor saber hasta qué punto lo podemos exprimir sin que nos dé un patatús.
El coste de la prueba que os he resumido es de 80€ y se puede pagar tanto por transferencia cómo en efectivo (tarjetas no).
Toda la información los servicios que ofrecen o para contactar con ellos, la encontraréis fácilmente en su página web: www.athlon.es
¿Has realizado alguna vez una prueba de esfuerzo? ¿Cuál es tu opinión sobre estas pruebas?

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