En este artículo quiero haceros partícipes de la mayor experiencia que he realizado, no sólo como ciclista de montaña, sino el mayor reto al que me he enfrentado en mi vida deportiva, la Euskadi Extrem 2012.
Cómo empezó todo
Es una prueba que nos venía rondando la cabeza a Jorge, Pana, mis compañeros de rodadas, y a mi. Habíamos hablado que sería un gran final para un año redondo tras la media maratón de Monegros, Bilbao-Bizkaia Extrem, casi todas las marchas mtb de Álava… Pero no nos terminábamos de decidir, ya que ésta 4ª edición iba a ser las más dura de las realizadas hasta ahora y nosotros, pobres globerillos de fin de semana, cómo podíamos osar pensar en una prueba de dicha índole: 183 km y 4850 m. de desnivel positivo (los cuales se vieron alterados en +3 los kilómetros y en +1500m el desnivel por falta de permisos en algunas zonas) divididos en dos días de ruta.
Decidimos no participar y cuando tuvimos los nervios calmados, conocimos a un Rider (Vicente), que nos animó a apuntarnos, diciendo que iba a ser toda una experiencia. Nos lo vendió con tanto entusiasmo, que, débiles de nosotros, cuando nos quisimos dar cuenta habíamos realizado la inscripción. ¡Diosss, que habíamos hecho…pfff!.
Después de unos meses de preparación, nervios e incertidumbre, llegó la fecha de la prueba, así que el 6 de octubre nos plantamos en Bilbao, con más miedo que vergüenza y varias visitas al autobús-wc preparado para la ocasión.
Día 1 - Viviendo un infierno en el paraíso euskaldun
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El Dream Team: Jorge, Vicente, Pana y Raúl[/caption]
A las 9:00 am. dio comienzo la prueba y nos encontramos rodando por Bilbao, con los nervios a flor de piel pero con orgullo por los aplausos que recibíamos del público asistente a la salida.
Al igual que en la prueba que realizamos “Bilbao-Bizkaia Extrem”, nos pareció todo un lujo que cortaran las calles del centro de Bilbao, parando el tráfico y el tranvía, para que pudiéramos rodar a nuestras anchas los 6 km correspondientes a la salida.
Por tramos de carretera y pista, comenzamos la subida al Pagasarri, disfrutando de unas increíbles vistas de Bilbao, pero la maquinaria estaba en marcha y no había tiempo para fotos. No era una subida ni técnica, ni complicada, ya que discurre por unas pistas anchas y bien preparadas.
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Arreglando la cadena[/caption]
El ambiente entre los ciclistas era bueno y distendido, escuchando cantidad de risas y chistes, pero todo se acabó cuando llegamos a la famosa “cuesta del silencio”. Sólo se volvió a escuchar algo cuando solté una retaila de juramentos y maldiciones cuando partí la cadena. Por suerte mi camelback es como el maletín de la señorita Pepis y llevo de todo. Solucioné el problema en menos de 5 minutos con los enganches rápidos. Por cierto, si alguno va por allí y encuentra un troncha cadenas…es el mío, je je je, que me lo dejé allí.
Finalizado el calvario de la subida, hicimos un descenso largo por pistas tortuosas, llenas de piedras, las cuales pusieron mi humilde horquilla de muelles a prueba, junto con toda la tornillería de la bici y mis maltrechas rodillas.
En el km. 25 llegamos a Ugao Miravalles, donde tuvimos un rato de descanso hasta llegar a Zeberio, donde nos esperaba la segunda subida: el Kurtzelarra. Según el track, había unos 500 metros de “bici en mano”, pero debido a lo húmedo y escarpado del terreno, deambulamos cual penitentes cerca de 3 km. Esa subida se convirtió en un auténtico peregrinar, tanto que uno se puso a cantar canciones de la Semana Santa, lo que puso la nota de humor en ese pequeño calvario.
Finalizada la ascensión haciendo el último tramo montados en la bici (por si había algún fotógrafo de la organización preparado para fotografiarnos...la honrrilla...) bajamos como auténticos obuses hacia Orozko por pista y carretera.
En Garai nos tomamos unas barritas y algún gel ya que debíamos subir una tercera cumbre: El Belorran. La subida fue larga y tediosa, pero al transcurrir por pistas, se hizo bastante asequible. Lo peor fue cuando pensábamos que ya habíamos llegado y vimos que el camino seguía subiendo... Pana bautizó esa subida como “la subida a Mordor”. El camino transcurrió en un largo peregrinar de gente agotada, azotados por un vendaval fortísimo que llevó a más de uno al suelo y gotas de lluvia cayendo con mucha fuerza debido al viento. Al dar la vuelta a la ladera, quedamos protegidos del viento y, al dejar de tener resistencia, casi nos caemos hacia la derecha, ya que íbamos haciendo muchísima fuerza para compensar y no perder la rodada. En ese momento me vino a la cabeza la frase de la película Indiana Jones y la Última Cruzada: "sólo el penitente pasará"...
Finalizada la cumbre, bajamos por unas pistas de hoja pisada entre hayedos no muy complicadas y bastante divertidas. La diversión se acabó de golpe cuando delante del cartel que indicaba que entrábamos en el parque del Gorbea. Ahí llegamos a lo que yo mismo bauticé como “la cuesta de la risa”, una puñetera cuesta que, después de la paliza de las tres cumbres anteriores y pensando que era todo bajada hasta Murgia, hacía que se te callera el alma a los pies y en vez de llorar, te entraba la risa…
Pasado el mal trago, llegamos a eso de las 15:30 a Murgia, donde nos esperaba la “pasta party” y lo más importante, el primer control de tiempo que cerraba el paso a las 16:30. Allí, medio comimos algo, bebimos y, sobre todo, estiramos la espalda y las piernas, porque esos 64 km casi acabaron tanto con la bici, como conmigo. Con mi humilde Orbea Satellite 2012, tuve la oportunidad de saborear cada bache, piedra y raíz que asomaba por el camino...
Una vez reunido el grupo, volvimos a ponernos en marcha hacia Vitoria-Gasteiz, pasando por Sierra Badaia y rememorando la marcha btt popular de Nanclares de Oca, pueblo que rodeamos para encaminarnos hacia Subijana de Álava.
Pasamos bien el control de tiempo en Gometxa que cerraba a las 19:00 y después nos dieron lo que sería el último disgusto del día, la subida a los caseríos de Ezkibel. Una vez superada la jodía pendiente nos dirigimos rápidamente por el bosque de Armentia y de ahí como cohetes por la ciudad de Vitoria para entrar por la meta exactamente a las 18:56, haciendo un tiempo de 9 horas y 56 minutos.
Cuando llegamos a la meta, la emoción casi me pudo, tuve que contener las lágrimas por lo intenso del momento (o pudo ser porque al día siguiente nos esperaba otra tortura más). Nos sentimos orgullosos al ver cómo unos aficionados como Jorge, mi compañero de rodadas, y yo, que apenas llevamos un año andando en bici, habíamos conseguido terminar una primera etapa como esa.
Mi pobre y fantástica novia, nos estaba esperando en la meta, por lo que pude compartir con ella tan emotivo momento.
Después de bajar de las bicis y hacernos a la postura del homo sapiens, fuimos a lavar las bicis al punto Karcher (qué gozada poder quitar el barrizal con las máquinas de agua a presión). Con nuestras monturas relucientes, fuimos al punto de guarda bicis que se encontraba en el casco viejo de Vitoria. Allí nos dieron asistencia técnica los chicos de Ciclos Maestre que trabajaron a destajo y me cambiaron la cadena rota y me revisaron la bici para tenerla a punto al día siguiente.
Día 2. La LLanada Alavesa (de llana nada de nada)
Algo más tranquilos que el día anterior, pero infinitamente más magullados y cansados fuimos a por las bicis para enfrentarnos a un segundo día de duro calvario para nuestros maltrechos riñones. Hubo bastantes saludos entre todos los participantes y organizadores, el dolor y sufrimiento unen bastante. [caption id="attachment_1330" align="aligncenter" width="800"]
Foto realizada por los organizadores de la Euskadi Extrem[/caption]
Llegadas las 9:00 de la mañana, y pasados esos momentos de euforia, con bastante menos cachondeo que el día anterior, nos pusimos en marcha. Atravesamos Vitoria-Gasteiz saboreando nuevamente el lujo que da el que corten las calles céntricas de una ciudad, para encaminarnos hacia el Parque de Salburua. Ahí hubo algunos tapones, ya que no está preparado para un tránsito tan abundante. Pasamos por delante del Buesa Arena, encaminándonos hacia Durana y de ahí por parcelarias hasta el pantano de Garaio, donde tuvimos el primer avituallamiento.
Destacar que coincidimos con otra marcha de montaña, por lo que hubo pequeños momentos de crisis al acumularnos aficionados al trekking con los que estábamos haciendo la Euskadi Extrem. Incluso estuve a punto de tener un accidente, ya que en un paso muy estrecho, con una caída peligrosa, un senderista no hizo ademán de dejarnos pasar y el compañero que venía detrás chocó conmigo, cayendo sobre un arbusto. Sinceramente, no le hubiese costado nada apartarse un poco, como hicieron el resto del grupo que iba con él. Desengancharse de los automáticos en ese paso, con tanto paseante, podía haber acabado con alguna lesión de gravedad pero, como siempre en esta vida, hay gente para todo.
Seguimos pedaleando por la llanada Alavesa, hasta llegar al Monasterio de Estibaliz y allí cargamos las bicis en el hombro para bajar las numerosas escaleras que había, hasta que vimos pasar a un competidor por un sendero paralelo a las mismas que no habíamos visto. Cuando quitamos la cara de bobos, cruzamos la barandilla y descendimos por el sendero, pasando con mucha holgura el control de tiempo puesto a las 14:00 en Ullibarri de los Olleros.
Los caminos son buenos, siendo la mayoría pista y algunos senderos, y al estar el terreno seco, no sufrimos con el barro al que estamos acostumbrados por ciertas zonas, así que rodamos esos primeros 55 km bastante rápidos, hasta llegar al primero de los dos calvarios de la segunda etapa: Arrieta y Zaldiaran.
Una subida por un sendero muy vertical nos hizo sudar de lo lindo, pensaba que eran moscas lo que tenía por los brazos, pero eran chorretones de sudor, los cuales se metían también por los ojos, haciendo más difícil todavía el ascenso.
Coronado dicho alto, una rápida bajada por bosque, entre helechos, ramas y senderos estrechos, nos llevó a la tortura que nos supuso subir al repetidor de Zaldiaran. Una pendiente de asfalto y cemento vertical como pocas. La técnica de subir en zig-zag hizo que pudiese subirla sin que me diese un infarto.
Alcanzado éste último repecho, nos llevaron a un punto de “downhill” conocido como “el tambor”. No hace falta decir que hice más tramo andando que montado, ya que no tenía ni bici, ni fuerzas, ni técnica para enfrentarme a ese técnico y complicado descenso, donde muchos bikers han besado el suelo. Como dijo otro participante que iba a la par conmigo: ya hemos sufrido bastante como para fastidiarla al final, así que mis compañeros de ruta disfrutaron como niños en dicho descenso, pero yo lo bajé prudentemente, será que me hago mayor...
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Los cuatro jinetes del apocalipsis: Jorge, Raúl, Pana y Vicente[/caption]
Terminado el doloroso descenso volvimos a pasar por el bosque de Armentia para cruzar la línea de meta con un tiempo de 5 horas 53 minutos y 30 segundos.
La emoción y el subidón que tuvimos al haber finalizado con éxito esta exigente prueba, no tiene precio. Todo eran abrazos, felicitaciones y comentarios eufóricos sobre tal o cual tramo.
Mi novia me dio una gran alegría al recibirme en la llegada, ya que no la esperaba, pero gracias a una aplicación del teléfono móvil, a través de la cual me suele seguir cuando salgo en bicicleta, pudo saber cuando llegábamos, por lo que la emoción y la alegría fue completa.
Fue gracioso oir repetidamente este comentario: voy a poner la bici en venta para que no vuelva a tener la tentación de apuntarme a otra prueba tan dura nunca más. Pero, pasados unos pocos días, ya estábamos empezando a hacer planes y preparar el calendario de marchas mtb del año que viene…en el cual, posiblemente volvamos a incluir la Euskadi Extrem (según estoy escribiendo esto, mi novia ya me está mirando con los ojos entornados).
Como nota final, añadir un gran aplauso y felicitación a todo el gran equipo que organiza tan memorable prueba, ya que ha organización ha sido impecable. Los marcajes han sido perfectos, sin dar ningún lugar a error, los avituallamientos memorables, donde hemos encontrado de todo, y el trato ha sido increíble, generando una ambiente muy cordial y familiar. Enhorabuena a todo participante y organizador de la Euskadi Extrem 2012, una prueba tanto deportiva como de superación personal…al menos para mí.
El tiempo total empleado por mí para realizar las dos etapas fue de 15 horas 52 minutos y 05 segundos. Hubo tiempos muchísimo mejores, pero también hubo algunos que no llegaron a terminar la prueba. Hago mía una gran frase que me mando mi amigo Vicente: “aunque llegue el último, siempre tendré por detrás de mí a todos aquellos que no tuvieron el valor de apuntarse”.
Si algún alma perdida, o loco quiere repetir o intentar la ruta, los tracks los podéis descargar de aquí:


La bici se bloqueaba con tanto barro[/caption]
Sin prisa, pero sin pausa nos encaminamos hacia el Palogán, donde encontramos mucho, no, muchísimo barro, tanto que las ruedas dejan de girar teniendo que liberar la montura del pegadizo barro con las manos. Librado el tramo del barro, descendemos nuevamente por unas trialeras y senderos muy rápidos y divertidos hasta coger el último sendero técnico antes de llegar nuevamente al punto de partida. Recalcar la dificultad de este último sendero, ya que me caí tres veces, una de las cuales caí de cabeza en un arbusto lleno de zarzas y ortigas. Un par de miradas al cielo de las del tipo “por qué a mí Señor!!”, y retomamos la ruta hasta cruzar 3 horas después de nuestra salida el arco que señaliza el final de nuestra aventura.
Ha sido una ruta muy bonita y con el habitual trato entrañable tanto de participantes como de los organizadores, los cuales nos obsequiaron con unas botellas de vino rioja y un bocadillo de tortilla de patatas, del cual dimos buena cuenta.
Para la gente que quiera aventurarse por esta preciosa ruta, puede descargársela desde mi cuenta en Wikiloc, tanto en formatos compatibles con los programas y aparatos de GPS como con el googleEarth:
Ruta larga:

El despertador me regaló su canto a las 6:00 am, más o menos 5 minutos después de haber conseguido caer rendido en los brazos de Morfeo. Tras pensar en mandar la prueba al cuerno…me levanté, desayuné un té y un cuenco de arroz blanco y me reuní a las 7:00 am con mi ya habitual compañero de penurias, el cual me esperaba puntual con el coche para acercarnos a Bilbao. Fuimos con cierta prisa y estrés, ya que la recogida de dorsales, chip y maillot se cerraba a las 8:30 en la explanada del museo Guggenheim y para eso había que llegar desde Vitoria, aparcar en el parking habilitado para la prueba, montar las bicis y llegar a tiempo.
Durante el viaje hacia Bilbao, comimos unas barritas energéticas, nos hidratamos con algo de líquido isotónico y como no…tosí, y mucho. Iba muy preocupado con la maldita alergia-catarro.
Llegamos a tiempo al parking de Zorrozaurre, montamos las bicis, cogimos el equipo y fuimos a por los chips. Como anduvimos bien de tiempo, tuvimos la posibilidad de volver al coche a dejar los maillots que nos regalaron con la inscripción.
A las 9:00 en punto, desde la explanada del museo Guggenheim dió comienzo la salida. Se notaban los nervios entre los aproximadamente 600 participantes, sobre todo ante la temida caída multitudinaria en la salida. Por suerte, fue bastante fluida y el pelotón se estiró un poco, dando algo de capacidad de maniobra.
Tras rodar apenas dos kilómetros por Bilbao, comenzamos a subir por Basurto, dirección Kobetas, por el camino de Santiago. Hasta aquí, la carrera era controlada y nos escoltó la policía municipal de Bilbao.
Una vez retirada nuestra escolta, comenzó la escalada sin piedad hasta el monte Arraiz, donde tuvimos el primer control de tiempo. Debíamos pasar por un arco y unas alfombras, a cuyos lados había unos controles de tiempo, accionados por el chip que llevábamos en el tobillo.
La subida fue dura de verdad, pero no paramos y nos lanzamos seguido por las fuertes pendientes que nos hicieron descender en 2 km lo subido en 14 km. Eran unas bajadas bastante pronunciadas y peligrosas, a lo que si le sumábamos la cantidad de gente que bajábamos y un vendaval que te sacaba del camino, hacía presentir lo que por desgracia pudimos comprobar, unas caídas muy aparatosas. De hecho, un tramo de unos 200 metros decidí hacerlo andando, ya que transcurría por un camino muy estrecho y había muchísima gente. La decisión fue bastante acertada, sobre todo viendo la cantidad de gente que besó el duro suelo de tierra y rocas.
Pasado ese pequeño tramo, me monté en la bici y descendí lo que catalogué como el tramo más vertical y complicado que había bajado en mi corta vida como ciclista de montaña. Bajada que parecía más bien el cauce de un arroyo, lleno de piedras y tremendos escalones, pero sacando el culo del asiento, bajándolo casi hasta la rueda trasera y con un control fino del freno trasero, conseguí salvar la situación. Esta bajada me cansó más que la subida pero, como el nombre mismo de la carrera, la catalogaba de Extrema.
Sin piedad, comenzamos la subida al monte Pagasarri. Si las subidas anteriores fueron duras, las que vinieron después fueron mortales. Fue un auténtico calvario de subida, donde cada curva nos hizo ganar mayor inclinación.
Llevábamos 27 km de penuria cuando noté un “bajón”. Le pedí un gel de glucosa a mi compañero, porque los míos no los tenía accesibles y no queríamos parar, pero se me atascó al tragar y, entre la tos, el gel y el cansancio, perdí el ritmo de pedalada. Pensé en abandonar la carrera en el alto del Pagasarri, donde había una alternativa para la gente que llegara fuera de tiempo al 2º control. Llevábamos casi tres horas sin parar de pedalear para hacer 30 míseros kilómetros, a una media de 160 pulsaciones por minuto, lo cual se tradujo en un desgaste descomunal.
Ver una zona llana me dio cierto alivio, así que le pedí a mi compañero que siguiera sin mí ya que necesitaba descansar un poco y no quería que él perdiera su ritmo. Me senté en una roca 5 minutos, donde aproveché para tomarme un segundo gel de glucosa e hidratarme tranquilamente, bajando las pulsaciones a 120. Después venía un tramo recto por una zona boscosa, que discurría por un senderito muy estrecho y técnico, donde muchos bikers iban al suelo, así que lo hice andando, suave, para seguir recuperando el ritmo cardiaco y no enfriarme. 200 metros de sendero más allá, empecé a encontrarme mejor así que volví a subirme a la bici y comprobé que el cuerpo me respondía y la mente se había liberado de la presión que llevaba. Adelanté subiendo a muchos competidores que me habían adelantado mientras estaba descansando y llegué fresco y fuerte al segundo punto de control, a 20 minutos del tiempo límite para cruzarlo.
La cara de alegría de mi compañero al verme llegar montado fue toda una inyección de ánimo para ambos, ya que el pobre se veía terminando una prueba que en solitario es muy dura, sobre todo para la mente.
Un señor de la organización animaba a la gente a coger la ruta corta por la que en media hora se llegaba a Bilbao, mientras que por la otra quedaba al menos dos horas de subidas y bajadas fuertes, pero decidimos que no habíamos llegado hasta allí para retirarnos y, tras hidratarnos y comer un poco, agarramos nuestras maltrechas bicis y seguimos la ruta.
Comenzó a llover, por lo que nos pusimos las chaquetas, empapadas por cierto de la tremenda humedad que había, y atravesamos unas campas llenas de vacas y barro, mucho barro.
Nuevamente, el trayecto se convirtió en un deambular de penitentes por las fuertes subidas y bajadas del Pagasarri dirección Alonsótegi. A medio trayecto, volvió a apretar el calor y nos quitamos la chaqueta, pero esta vez aprovechamos para comer algo e hidratarnos en condiciones, para evitar el peligro de la temible “pájara”. De todas maneras, el ánimo estaba alto e incluso fuimos haciendo chistes y charlando. Está claro que el haberme recuperado y seguir la marcha juntos nos subió el ánimo y nos dio fuerzas suficientes para seguir.
En una de las bajadas, vimos un grupo de gente atendiendo a un competidor que se había caído al romper la rueda en uno de los múltiples hoyos y según parece había sufrido una rotura de brazo. Como ya había bastante gente, seguimos el camino y, de paso, intentamos avisar a la DYA, pero más adelante vimos que ya habían dado el aviso al ver que subía un 4x4 a gran velocidad en busca del accidentado.
Sobre el kilometro 45 llegamos al bidegorri que rodea Bilbao, pasando por el Consorcio de Aguas, para volver a enfrentarnos a las que serán nuestras últimas cuestas antes de llegar a Montefuerte, donde se encontraba el último control de tiempo y el final de la marcha libre.
Bajamos tan rápido que mi compañero no vio que había que desviarse a la izquierda para cruzar el arco de llegada y, pese a mis gritos, avanzó como el viento dirección a Bilbao.
Crucé el arco de llegada marcando el tiempo de 5 h. 26 min. Llamé por teléfono a mi compañero para avisarle y por suerte se había parado en un cruce cercano y regresaba sin mucho esfuerzo.
Limpiamos las bicis con las Karcher habilitadas para ello y bajamos a Bilbao limpitos como dos pinceles.
Sin lugar a duda fueron los 60 kilómetros más duros que había realizado hasta ahora y una dura prueba tanto física como mental, a la cual me había enfrentado bajo de salud y muy cansado, pero gracias a la paciencia y compañerismo que demuestra siempre mi acompañante, fue posible terminarla. No en balde acumulamos 2240 metros tanto subiendo como bajando, de los cuales, 1800 m fueron en los primeros 35 km.
Recalcar que un equipo de bikers profesional realizó ese mismo recorrido en condiciones de buen tiempo unos días antes de la marcha en un total de 4 horas, por lo que no creo que lo hayamos hecho tan mal, para ser unos “globeros” de fin de semana.
Track de la prueba:

Mi salida en la media maratón Monegros[/caption]
En la media maratón, salimos unos 1500 bikers pero aún así, impresiona y daba algo de miedo la posibilidad de caída en la salida y preparar un buen zipostio, ya que es una especie de calle larga, acotada con verjas laterales, haciendo un canalón el cual escupe ciclistas.
3,2,1 ¡listos! Comienza la carrera. Me daba risa ver la gente que peleaba desde la salida por adelantar posiciones aunque lo que me hizo menos gracia fue cuando un payaso me empujó justo debajo del arco de salida de Orbea, estando a punto de tirarme!, total, para formarse un tremendo tapón a 500 metros de la salida, ya que las calles de Sariñena son estrechas. La estrategia nuestra es, dejar pasar, que ya vendrán las cuestas, ja ja ja.
Tomamos la parcelaria y vimos un tumulto de ciclistas que nos hicieron temer lo peor, pero una vez allí, nos dio la risa al ver que la gente que te empujaba en la salida... ¡se paraba ante un charco”!! Como nosotros estamos acostumbrados a mancharnos, atravesamos los pozos y charcos de barro por la mitad, adelantando a unas 30 personas por cada charco que nos encontrábamos.
Había estudiado el track con detenimiento por lo que sabía cuando apretar y cuando no, así que cuando llegamos a la famosa “herradura” de subida, que son unas cuestas largas, estuvimos perfectamente preparados, habiendo calentado correctamente, así que subimos sin problemas, adelantando a cerca de 500 personas.
Llegó el primer avituallamiento y no hizo falta ni parar ya que el tiempo no era muy caluroso. Eso sí, había mucho, pero mucho, mucho polvo. Menos mal que llevaba la máscara porque había tramos en los que tuve que rodar a ciegas. No se veía ni la rueda de la propia bici, por lo que tenía que intuir por donde rodar.
Terminadas las subidas, las cuales aprobamos y con nota, llegaron las temibles bajadas, mi talón de Aquiles. Había una pendiente muy pronunciada, catalogada como “tramo muy peligroso”.
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Mi llegada a la meta[/caption]
Empecé a bajar tímidamente pero uno que estaba casi abajo se metió un castañazo descomunal, bajó rodando con la bici encima. Menos mal que había gente de la organización en la cuesta y le ayudaron. Acto seguido y visto lo visto, me bajé de la montura y descendí esos 300 metros andando, ya que no los bajaba con ninguna seguridad y a la velocidad que venían los competidores por detrás, corría el riesgo de montar un tapón, así que me hice a un lado y facilité la circulación.
Tras esa bajada, llegamos a un tramo de unos 7 km de bajada lleno de rocas, agujeros, pozos, grietas y demás peligros que esconde el desierto de los Monegros. Bajé a una velocidad que me permitió controlar la bici y esquivar esos obstáculos. En ese tramo de bajada perdí bastantes puestos, los cuales recuperé en el llaneo y alguna subida que tocaba en los últimos 15 km.
A escasos 5 km de la meta, se me cruzó la bici sola en una zona llana y sin ningún peligro. Estuve a punto de perder el control, lo que me hizo salirme del camino y acabé en la plantación. ¡El freno delantero se me había bloqueado!. Menos mal que fue en ese tramo y no en el de bajada. Entonces pensé que los Shimano 445 de mi bici Orbea tenían los días contados, ¡son una autentica mierda!
Tenía los cuádriceps a punto de la sobrecarga y me dolían mucho, por lo que esa parada en seco casi acaba conmigo. Se me hizo muy duro arrancar nuevamente y lo hice lento y agotado, pero uno de los tres amigos que hacían también la media junto conmigo, me adelantó y me dió un grito de ánimo, lo que me sirvió para seguir engancho a su rueda y rodar como el viento, con todo metido, plato y piñón pequeño, apretando los dientes y rodando de pies, ya que este último tramo era todo un falso llano, que a esas alturas de la carrera fue un infierno.
Finalmente, crucé la meta a 10 segundos de mi amigo haciendo un tiempo de 2 h. 59 min. 57 seg., en el puesto 378. Me sentí muy orgulloso de mi gran victoria personal ya que para una persona que empezó a andar en bici en septiembre del año pasado, con problemas de rodilla y espalda, hacer la media en este tiempo no estuvo nada mal, por no hablar de mi humilde bici, Orbea Satellite, que frente a las máquinas que calzan la mayoría, era como comparar un seat 127 con un Lamborghini Diablo.
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Mi compañero Jorge y el menda tras llegar de la carrera, hasta arriba de barro y polvo[/caption]
El compañero que hizo la larga llegó un par de horas más tarde, en mejor forma de la que esperaba. Se notó que los del norte somos gente dura, ja ja ja.
Limpiamos la bici, nos duchamos en la auto, dimos un paseo por el recinto ferial donde servían fideua, ternera asada y bebidas. Enseguida el cansancio hizo mella y nos retiramos a dormir. Pese a que había gente con ganas de juerga, caímos como troncos y hasta la mañana siguiente no existió nada más que el señor Morfeo.
Al día siguiente, ya descansados, aprovechamos que estábamos en una zona increíble para hacer un poco de turismo así que nos dirigimos al castillo de Loarre, donde hicimos la visita con audioguía y comimos un bocata en el bar del castillo ante unas vistas espectaculares desde donde se divisaba casi hasta Zaragoza.
Un par de horas más tarde, llegamos a casa donde descargamos todos los bártulos, cenamos y nuevamente a la cama, con una gran sonrisa y la sensación de haber hecho muy bien los deberes.
Aquí os dejo los tracks de la ruta de los Monegros:

Fotos realizadas por los organizadores de la marcha[/caption]
En ésta ocasión no reinó el buen ambiente tanto como en las otras dos marchas anteriores, ya que había mucha gente y algunos con grandes ansias competitivas, gritando a la gente que llevaba un ritmo más bajo y básicamente echándote del camino en tramos estrechos.
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Fotos realizadas por los organizadores de la marcha[/caption]
El recorrido es precioso ya que subes por los montes que circunvalan el pantano, dando unas vistas increíbles de toda la zona. El camino es bastante apto para casi todo el mundo ya que es ancho, y quitando un par de cuestas fuertes, se sube de manera progresiva. Disfruté mucho por que era btt del bueno, con terrenos duros, terrenos blandos, saltando verjas de espino, descensos técnicos por zona de bosque y camino de tierra alrededor del pantano.
Destacar la falta de compañerismo que vi cuando un participante que iba delante mío se cayó, quedando la bici en vertical contra un árbol y él con un pié todavía enganchado en el pedal y caído sobre el matorral. Sin pensarlo dos veces, tiré mi mtb para socorrer al hombre y el resto que venían detrás no se pararon ni para preguntar qué pasaba. Alguno incluso gritó por tener la bici en medio del camino.
Está bien cierto nivel de competitividad pero recordar que son marchas populares, NO competitivas, y hay gente de todos los niveles por lo que hay que amoldarse al nivel de los menos preparados y debería reinar el compañerismo y ante todo, un poco de empatía.
Salvo este pequeño incidente, decir que en ésta Martxa BTT de Zurbano 2011 disfruté muchísimo, sobre todo porque vi que mi nivel, empezaba a mejorar.
El track de la marcha de Zurbano, lo podéis descargar de mi cuenta en Wikiloc:

Fotos realizadas por la asociación Ronzapil,organizadores de la marcha[/caption]
La marcha corta, digamos que tiene el nivel de intensidad perfecto para gente que se inicia en el mundo del btt, y tiene algo de forma física, con algún tramo por bosque, que llevó a más de uno al suelo (un servidor).
La marcha más larga exige que se tenga cierto nivel de pedaleada, ya que sube hasta la cantera de Laminoria y San Vittor, caminos que tienen una pendiente muy dura y una bajada técnica.
Podría decirse que la Martxa BTT Alegría-Dulantzi, marcó para mí un antes y un después en esto del ciclismo de montaña.
Para la gente que quiera aventurarse por esta preciosa ruta, puede descargársela desde mi cuenta en Wikiloc, tanto en formatos compatibles con los programas y aparatos de GPS como con el googleEarth:
Ruta corta: