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  • 37ª Cicloturista Bilbao Bilbao 2026

    37ª Cicloturista Bilbao Bilbao 2026

    La Clásica Cicloturista Bilbao-Bilbao forma parte de nuestro calendario de pruebas fijas e indispensable en nuestro calendario desde hace más de una década y no hay nada que impida que acudamos a la llamada de esta gran fiesta del ciclismo.

    Nuestra Bilbao-Bilbao 2026

    Este 2026 ha empezado con lo que se ha denominado un «Tren de Borrascas», pero no penséis que han sido el típico sirimiri vasco, no…borrascas con nombre propio, lo que ha hecho complicado poder entrenar en el exterior y, como no podía ser de otra manera, las previsiones para el 15 de marzo no fueron nada buenas.

    Como siempre, nos levantamos a golpe de txalaparta a las 5:00am y, cual es nuestra sorpresa, en Álava estaba nevando. Pero no creáis que era agua nieve ligera, no…era una nevada en toda regla.

    Pese a todo y, como somos gente cumplidora, cargamos las bicis y pusimos rumbo hacia la capital vizcaina: Bilbao.

    A nuestro paso por Altube debimos pillar un claro y circulamos en seco, pero en cuanto entramos en el cinturón bilbaino, la lluvia nos acompañó de nuevo.

    Con más pereza que otra cosa, aparcamos en el CC Zubiarte, recogimos los dorsales, preparamos las bicis y nos dirigimos hacia el arco de salida, donde reunimos fuerzas con Aingeru, nuestro Hellbiker en prácticas.

    Por suerte, el cielo nos dió una tregua y la salida de las 8:15 la hicimos en seco, algo de agradecer, ya que arrancar lloviendo siempre cuesta mucho más.

    La enorme tropa de funambulistas de los 2cm nos dirigimos hacia la rotonda de Deusto y de ahí pusimos rumbo, paralelos a la Ría de Bilbao a lo que sería un día bastante duro.

    Erandio, Getxo, Sopela, Plentzia…los kilómetros se iban sucediendo e íbamos esquievando la lluvia. Se notaba por que, aunque el cielo estaba tranquilo, en el suelo había casi un centímetro de agua debido a la tremenda jarreada echada momentos antes de que llegásemos nosotros.

    Subimos dignamente Andraka y seguimos por Asteinza, Butrón, Urdúliz, Asua…donde algunos osados, incluso se quitaron los chubasqueros. Eso no debió hacerle mucha gracia al encargado del grifo, ya que en el kilómetro 55 nos castigó con una buena jarreada.

    En el avituallamiento de Zamudio, kilómetro 62, no paramos mucho ya que llovía bastante. Aún así, no pensamos en ningún momento tirar por «la corta». Está visto que los ciclistas sufrimos algún tipo de enajenación mental, ya que pese a lo que caía…todos tiramos por el recorrido largo sin pensarlo.

    El «del grifo» debió pensar que no teníamos remedio, así que lo cerró y volvimos a rodar…sin lluvia pero sobre mojado, por lo que los resbalones y «susticos» eran habituales.

    Mungia, Fuiz…y casi sin darnos cuenta, El Morga.

    En mi preparación para la QH26, ando cambiando el rimo y rango de pedalada, ya que para una tirada tan larga, el rango de 400W a 54rmp no es que sea lo más inteligente, pero como ciclista de montaña es a lo que estoy acostumbrado, por lo que cualquier opción de practicar y reprogramar al cuerpo es buena. Con ese objetivo en mente, bajé plato, subí piñones y con un ritmo bien ligero ¡¡culminé el Morga mucho más rápido de lo que lo he hecho nunca!!

    En la subida adelanté a muchísmos ciclistas que parecían ir clavados al suelo. Parece mentira lo que se puede lograr usando un poco la cabeza.

    Aingeru es una persona que baja muy bien, así que no le esperé en la subida y me dejé caer hasta los pies del Morga pero por «el otro lado».

    Mientras le esperaba, vi un muro de nubes negras y muy poco amistosas en medio de lo que iban a ser nuestro próximos kilómetros, así que volví a ponerme el chubasquero y cuando volvimos a reunir fuerzas, decidimos que igual «Vivero» no iba a ser una buena idea.

    No habíamos llegado a Galdakao, cuando nos agarró un terrible aguacero, pero de esos en los que cada gota te moja hasta el alma.

    Pasamos junto al desvío del Vivero y confirmamos que no era el día. No por la subida, sino por lo peligroso del descenso. En seco ya suele haber desgracias, así que no quisimos arriesgar; queda mucha temporada por delante.

    Había ido guardando durante todo el recorrido, así que Aingeru me dio rienda suelta para gastar los caballos y subí Begoña como un Spuntnik.

    Pedaleé sin grupo ni relevo, quemando todo el keroseno que tenía guardado y adelantando a muchísima gente…hasta que la mala fortuna hizo que el soprote que uso para la GoPro se partiese y me vi obligado a parar.

    Entre parar, ir para atrás, recogerlo, entender lo que había pasado e intentar meter el armatroste en el maillot, Aingeru me alcanzó, por lo que pudimos cruzar juntos el arco de meta.

    Conclusiones

    Hubo mucha gente que tomó la decisión de no correr esa edición de la Bilbao-Bilbao. No quiero decir ni que nosotros seamos más duros ni que los demás sean más flojos…ya que cada uno debe tomar sus decisiones y ser consecuente con ellas.

    Seguramente, siendo objetivos, lo más inteligente hubiera sido apagar el despertador y darse la vuelta, pero es que nos gusta tanto la prueba, que somos capaces de acudir en cualquier condición por muy mala que sea.

    Posiblemente, si hubiera estado jarreando durante la salida, igual nos lo hubieramos pensado un poco, ya que el asfalto con tanta agua es muy peligroso. De hecho, vimos cantidad de resbalones y sustillos de eso que te hacen apretar «el asterisco (*)»

    Como siempre, la organización de 10, el recorrido espectacular y ejemplar la actitud de los participantes. Se vivió un respeto que se ha echado en falta en otras ediciones.

    Con las condiciones climáticas que nos tocó a nuestro paso, creo que no subir vivero fue una decisión acertada, aunque reconozco que me quedé con algo de pena.

    Sin lugar a dudas, la Cicloturista Internacional Bilbao-Bilbao es una gran fiesta del ciclismo, que mueve muchísima afición y sobre todo, nunca defrauda.

    VLOG: 37ª BILBAO BILBAO 2026 | Se desatan los infiernos en la Clásica Cicloturista

    https://youtu.be/SHp5srMWJv8
    Madera y Musgo. Decoración natural en madera.